Frank Delgado: Estamos haciendo los servicios mínimos

El cronista de 'Trovatur' desvela a 'Encuentro en la Red' sus cuentas y sus riesgos.

Frank Delgado presenta su último disco, El adivino, en los escenarios españoles.

Marcado por una reivindicativa actitud trovadoresca ante la música, con textos que van del comentario político-social a la reflexión de aliento intimista, sus canciones se mueven entre lo narrativo y lo poético.

-¿Puede decirse que tus últimos trabajos revindican la figura del trovador?

-Yo mantengo y revindico la figura del trovador en discos como Trovatur. No hay ningún truco, lo que sale desafinado o mal tocado queda así mismo; lo que sale bien se recoge y también lo que sale mal. Estos discos no tienen truculencia; en los estudios a la gente que canta mal le adornan la voz y afinan de maravilla. Yo revindico la figura del juglar itinerante, el que va de pueblo en pueblo contando historias en verso o cuentos, como hacían en su época Manuel Corona o Sindo Garay. Ahora existe todo el fenómeno mediático, y un trovador puede hacer una canción muy trovadoresca y muy bonita, pero te la pueden poner como anuncio de un banco, y ahí tienes el ejemplo de la canción de Kelvis Ochoa anunciando Caja Madrid. Entonces te pueden hacer mediático. Claro que a mí me gustaría ser un tipo mediático, porque puedes ser un trovador al que ya no sólo escuchen en un pequeño bar, sino en un teatro grande. Por otro lado, mi lenguaje siempre ha sido más bien narrativo en vez de poético, mientras que, en general, el lenguaje de la Nueva Trova tenía un lenguaje basado en la poesía de vanguardia, una poesía elíptica, críptica, en fin, un estilo bastante cercano a la poesía latinoamericana de aquellos años. Yo creo que en la generación posterior hay un poco más de narrativa que de poesía, lo cual es válido también.

Una historia bien contada en el espacio de una canción es algo muy interesante, sino preguntarle a Ruben Blades, Serrat o al propio Silvio con su Fábula de los tres hermanos.

-¿En tu último disco permanecen las inquietudes de crítica social que han marcado tu obra anterior?

-En este disco, que es más de estudio, aprovecho para hacer canciones que se van a oír poco a poco. Las canciones de los discos anteriores son temas que, por lo general, pegan mucho la primera vez que se oyen: son canciones urgentes. Un disco en estudio te da la oportunidad de hacer tu trabajo con más calma, un poco más elaborado, pensando en un público que no está acostumbrado a escuchar un disco a guitarra sola. En este disco hice algunos temas como Azúcar a granel, sobre el amor y la necesidad de expresar esos sentimientos, u otro como Emigrante a media jornada, hecho en una época en que no me dejaban entrar a Cuba porque se me había vencido el permiso de salida, y tenía mucha rabia. Vivir en casa con padre es otro tema con una carga muy irónica, porque se está refiriendo no sólo al hogar familiar como espacio habitable, sino a la patria, al país donde vivimos todos.

A estos temas se suman Viaje a Varadero o Matamoros no vira para atrás, canciones que intentan contar lo que está pasando en Cuba, como el fenómeno de la emigración y otros problemas de ahora mismo. Son piezas en las que se aborda sutilmente, tampoco agresivamente, esta problemática del irse, de las frustraciones y del dolor. Son canciones de seguimiento y de solidaridad hacia la gente que está en Cuba. Que la gente se dé cuenta que estás bien enterado, cogiéndole el pulso a la realidad. Que eres solidario a la hora de reflejarlo, para que sirva un poco como válvula de escape, porque el público al oír hablar de esos problemas en las canciones se estimula y se da cuenta que nosotros vivimos los mismos problemas de ellos y los estamos reflejando en forma de arte. Ya sabes, los que quedamos allá [en Cuba] estamos haciendo los servicios mínimos.

-En Konchalowski hace rato que no monta en Lada afirmas: "en fin, que no me gusta tanta economía novelada que escribió el tal Karl Marx". ¿Te refieres acaso al tipo de economía practicada por el Gobierno cubano?

-Bueno, eso tiene que ver un poco con la manera en que fuimos criados, estudiando toda la teoría marxista económica en los libros de Kontantinov y de Afanasiev, ligados al materialismo histórico y al movimiento obrero. Yo hice rechazo a toda esa literatura, me vengué olvidando y condenado al ostracismo todos esos libros.

Yo creo que en Cuba sería posible una sociedad que tuviera lo bueno del socialismo, que los cubanos conservaran esos logros -y esto es algo que los tiene muy amedrentados- combinándolos con las cosas muy buenas y dinámicas que tiene el capitalismo. Ojalá Cuba encuentre una fórmula, un régimen especial único que tuviera todas las cosas de la protección social que tiene el socialismo, pero teniendo una economía como la capitalista, capaz de generar riquezas y nivel de vida. Yo lo que sí no quiero es el Sur para Cuba, porque una cosa es Europa y los demás países desarrollados y otra cosa, por ejemplo, Latinoamérica. El día que eso pase en Cuba yo me voy de allí, vengo para acá.

-En tu página de Internet aseguras que decidiste quedarte en Cuba por tu cuenta y riesgo. ¿A qué riesgo te refieres?

-Me refiero al riesgo de que te pueden silenciar; no hay cosa más dura que estar en un lugar y que no te dejen cantar. Yo sé de gente que ha sufrido esas cosas, es muy difícil. A veces uno camina por el filo de la navaja, estás en una cuerda floja, cantando una cosa que puede ser muy riesgosa y pueden decirte: "oye, hasta aquí, te corto el agua y la luz y no vas a cantar más". Y lo peor es que no te lo dicen, sino que vas a cantar a un lugar y te salen con que no puedes hacerlo "porque la programación ya está hecha". Te meten un síndrome del misterio que yo lo sufriría mucho. Yo quiero quedarme allí haciendo lo que hago, pero sé que es difícil. A mí o me han dado nada; yo no tengo carro dado por el Estado, yo no tengo casa, vivo en un cuarto en casa de mis padres y tengo 41 años. A mí nadie me puede decir que por meter tremenda muela en Cuba me dieron una casa en tal lado.

-¿Estarías de acuerdo con que el pueblo cubano pudiera acceder a tu página Web, a Internet, pagando en divisas directamente al Estado y que éste empleara esos ingresos en paliar la crítica situación por la que atraviesa la Isla?

-Yo creo que sí, que sería muy bueno, pero información es poder y no todo el mundo va a poder tener acceso a Internet. En Cuba ahora casi todos los centros de trabajo tienen Internet, pero esto no quiere decir que va a haber Internet. Hay Internet en los centros de trabajo pero siempre con restricciones, hay alguien que está vigilando para que no metas pornografía o el Miami Herald, Encuentro en la Red o el Diario de las Américas. Pero creo que va a llegar el momento en que sea imposible de controlar y no sé, se le perderá el miedo. En general, creo que sería muy bueno que la gente pudiera leer no sólo la página mía, sino todo lo que le dé la gana.

-¿Qué opinión te merece el hecho de que las últimas canciones de Pedro Luis Ferrer estén prohibidas en la radio nacional?

-No me extraña que le suceda eso, y creo que a él tampoco le extraña; cuando compuso esas canciones creo que sabía el riesgo que corría. Yo he trabajado en la radio y sé cómo se hace eso. A veces nosotros lográbamos pasar números sin que los escuchara la Comisión, pero igual tú pones un disco y hay alguien que lo está oyendo y dice: "¡esa canción esta muy fuerte!". Yo lo oí en el Teatro Nacional cantando canciones muy buenas, bastante fuertes algunas, como por ejemplo aquella en la que dice "yo no tanto como él", en la que canta a su padre: "mi padre fue comunista, yo no tanto como él". Después esa canción se grabó en el Centro Pablo de la Torriente Brau y fue editada en un casete. Puede ser que la radio te limite un poco, pero en las presentaciones en vivo es distinto. En las presentaciones en vivo hay un poco más de libertad para decir ciertas cosas. Cuba ha sido un país muy subterráneo; como dice Silvio, de mano en mano se pasa la verdad. De pronto los casetes van de mano en mano, como distribución vertical y democrática de la música. Me siento feliz de que en Cuba haya una industria disquera tan caótica y que la gente luche para que se oiga. Y se oye.

-Aparentemente, el ministro de Cultura Abel Prieto ha postulado una política de acercamiento respecto a los artistas e intelectuales asentados fuera de Cuba. ¿No es una inconsecuencia que esta "conciliación" no tenga lugar en la propia Isla, con, por poner un solo ejemplo, las canciones de Pedro Luis?

-Puede haber conciliación, pero eso no quiere decir que te vayan a poner por la radio y la televisión. Es decir, la conciliación puede ser hasta un punto, creo yo. Conciliación hasta el punto de que Zoe Valdés pueda visitar Cuba, pero no de que le publiquen sus novelas en Cuba. Hasta el punto de que Pedro Juan Gutiérrez vive en Cuba y puede salir y entrar sin problemas, pero no le editan, por ejemplo, El rey de La Habana. Yo no estoy en la mente del Ministro de Cultura, pero eso es lo que me parece a mí. Quizás con la plástica, por ser un poco más abstracta y polisémica, por ser limitada y no reproducible y permanecer en espacios determinados, como los museos o galerías, haya una conciliación. Aunque creo que también con los músicos pudiera haber esa conciliación.

fuente: www.cubaencuentro.com

Jueves, 27 junio 2002 Año III. Edición 396