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Por Darío S.
González M. Ciudad de México.
21 de junio de 2006. Las dos palabras que dan nombre al álbum de La luna siempre ha
sido uno de los temas de mayor predilección en el mundo de los poetas y
artistas, su presencia hace evidente la llegada de la noche, tiempo en que
los bohemios se dan a la tarea de darle sentido a su existencia divirtiéndose
con cantos y jolgorios. Es justo aquí cuando la presencia de los trovadores
se hace necesaria. “Un trovador
es un poeta con guitarra”, dijo cierta vez Cronista y además
autocrítico que, después de haber escrito más de mil canciones, se atreve a
admitir (aunque sólo un poco) que ha envejecido, como lo expresa en la obra
que tiene el mismo nombre de este álbum: “…la luna trovera/ que
anda suelta, deprimida,/ tal vez porque empieza marzo/ y los vientos de
cuaresma/ presagian nuevas espinas;/ quizás porque hoy un poco,/ hoy un
poco… he envejecido”. A pesar de esa
relativa vejez, paradójicamente la nueva trova cubana sigue manteniéndose
como género apreciado por un público que si bien no aumenta, tampoco
disminuye en forma alarmante y por el cual Augusto, con todo y su anunciado
envejecimiento, sigue ganando premios como el otorgado a “Luna
trovera” en la novena edición de “Luna
Trovera”, entre sus dieciocho temas, se precia de incluir voces de
otros trovadores importantes, como Además de las
voces, las canciones del álbum han sido acompañadas con los instrumentos
propios del son cubano, tanto tradicional como moderno; es notoria la
presencia de la trompeta de Pese al tono
melancólico y un tanto trágico de la última parte, Poesía trovadoresca
acompañada de son cubano, destacadas voces e instrumentistas son las
características principales de “Luna trovera”, con temas que nos
incitan a desahogar nuestras penas o festejar nuestras emociones al modo de
los trovadores: cantando. Aunque el álbum apareció en Cuba desde 2002, en
México, este disco de |