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Alberto Tosca. Toda la poesía
por Joaquín Borges-Triana
Aunque sigo creyendo que la juventud es ante todo una actitud ante la vida, tengo que admitir que el tiempo pasa y me voy poniendo viejo. Pensaba en ello durante la celebración de la más reciente emisión de A guitarra limpia, protagonizada por Alberto Tosca. Mientras le oía cantar, me era imposible impedir que mi mente se remontara 26 años atrás, cuando yo era un adolescente que por entonces ni siquiera tenía la idea de que en el futuro iba a ser periodista, y como un simple muchacho interesado en las lides trovadorescas y, en especial, en el quehacer de quienes comenzaban por aquella fecha, me iba al anfiteatro del parque Almendares, donde Tosca se presentaba en compañía de otros cantautores como Santiago Feliú y Alberto Cabrales. Poco tiempo después, él se uniría a Xiomara Laugart, con quien formase un dúo que todavía hoy se recuerda.
De aquella etapa surgirían piezas memorables como Paria, dada a conocer en 1980 durante la celebración del concurso Adolfo Guzmán, Sembrando para ti y Ni un ya no estás. En un breve repaso por la biografía de este trovador debe señalarse que en su intensa carrera artística se ha presentado junto a prestigiosas figuras como Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Fito Páez, Tania Libertad, Amparo Ochoa, Sonia Silvestre, Daniel Viglietti, Alfredo Zitarrosa, María Betania, Chico Buarque, Inti Illimani, César Portillo de la Luz, Pedro Luis Ferrer, Amaury Pérez, entre otros. En sus idas y venidas por diversos rincones del mundo ha actuado en escenarios de países como Alemania, Francia, Holanda, Bélgica, Bulgaria, Nicaragua, México, Rusia, Curazao, Venezuela, Finlandia, Canadá y España.
En el concierto ofrecido por Alberto Tosca en el patio del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, bajo el nombre de Toda la poesía, él hizo un recuento por su cancionística de ya más de cinco lustros. Así, interpretó piezas compuestas en años recientes y otras que datan del período cuando vivió en la Isla de la Juventud y, entre otros proyectos, estuviese vinculado a la musicalización de obras para el grupo de teatro Pinos Nuevos. De esa rica etapa creativa, de la cual naciera un puñado de composiciones aupadas con el apelativo de Pineras, el cantautor rescató para este recital canciones, como una conocida indistintamente como La fiesta o Guateque. Sí eché de menos algunas preciosas guajiras de entonces, que ya Alberto nunca interpreta, como una que fue finalista en uno de los Guzmanes y que empezaba con una frase que decía “Hace tanto me fui...”, una maravillosa creación, de la cual en una que otra fonoteca se conserva una grabación en la portentosa voz de Xiomara Laugart.
En sentido general, en la primera parte de la función los nervios traicionaron a Tosca y lució desconcentrado e inseguro en más de un tema. Lo mejor del concierto transcurrió durante su segunda mitad, donde el destacado trovador logró recuperarse del descontrol inicial, sobre todo a partir de que entrara a escena Axel Tosca Laugart, el hijo de Alberto y Xiomara, y quien, pese a su extrema juventud, ya resulta todo un consagrado entre la nueva generación de pianistas cubanos. Axel consiguió impregnarle a las piezas en las que intervino un aire renovador gracias al virtuosismo que evidenció en el tratamiento armónico que les otorgaba, por su excelente buen gusto al programar diversos timbres en el teclado y por los solos que llevó a cabo, en los cuales —pese a la brevedad de los mismos— demostró ser un improvisador nato.
Porque conozco su quehacer, sé que Alberto está en condiciones de brindar un concierto mejor que este efectuado en el Centro Pablo, como lo puso de manifiesto su contagioso final, con la pieza que sirvió para cerrar la presentación, la impactante versión que hiciera de una antigua canción suya, La mulata de caramelo, que cuando fue compuesta, allá por la segunda mitad de los ochenta, estuviera dedicada a la poetisa Cira Andrés, y que para esta ocasión tuvo un excelente arreglo para teclados, hecho por su hijo Axel.
Si bien el resultado final de Toda la poesía fue desigual, el encuentro con Tosca nos permitió comprobar que en él se mantiene viva la capacidad creativa que en un pasado reciente nos legara varios temas que son de obligada recurrencia a la hora de formular un recuento de lo más destacado de la cancionística cubana de las últimas dos décadas del siglo XX. No en vano, en las palabras del catálogo de la función, con absoluta razón se afirmaba:
“Sencillo como los buenos, la obra musical del Maestro Tosca ha transcurrido en un continuo acercamiento a las cosas esenciales, sus cosas esenciales: el amor, la tierra, las nostalgias hogareñas y del barrio, todo el barrio..., conformando una poética musical donde el son, las trovadas más puras y el danzón se confunden y germinan en una música única dentro de su generación”.
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